04 agosto 2005

 

EL DÍA QUE LA TIERRA DEVOLVIÓ EL GOLPE




Los vestigios de cicatrices y cráteres en diferentes partes del planeta son testigos de que la tierra ha sido golpeada en varias ocasiones por estos fugaces visitantes, que dependiendo de su órbita los podemos volver a ver surcar el espacio. Incluso en épocas remotas se les achacaban poderes mágicos. Son los cometas y/o meteoritos quienes han ocasionado drásticas transformaciones en la faz de la tierra y en las especies que la han dominado.

Este 4 julio fuimos testigos de otra hazaña de la NASA. Ver la primera vez que la tierra golpea a un cometa; el Tempel 1, que se encontraba a 134 millones de kilómetros del planeta al momento de ser chocado por el proyectil-sonda (fabricado con cobre chileno) llamado “Impactor”. Este fue disparado por su nave madre “Deep Impact” (Impacto profundo) según los científicos este nombre no tiene relación con la película de 1988 donde un cometa impactaba a la Tierra. Esta nave madre recibió y envió la información a nuestro planeta hasta minutos antes de que el “Impactor” se estrellara contra el Tempel 1. Se calcula que este impacto tuvo una potencia de 4,5 megatones. Don Yeomans coinvetisgador del proyecto dijo “Dimos exactamente donde queríamos”. Se espera que el cráter tenga el tamaño de un estadio de fútbol con una profundidad de seis a cincuenta metros.

Desde hace mucho tiempo el hombre observa estos fenómenos, de los que sólo pudo dejar dibujos y, posteriormente, fotografías. Pero desde que comenzó la carrera espacial los avances han sido vertiginosos y el hombre, que ya no se conformó con recibir los inesperados golpes espaciales y sólo estudiar sus efectos, salió al encuentro de estos esporádicos visitantes en naves terrícolas que se han acercado a algunos cometas para observarlos.

En 1986 naves como Giotto visitaron al más famoso, el cometa Halley. En 2001, la nave Deep Space 1 visitó al cometa Borrelly. En 2004, la nave Stardust estuvo cerca del cometa Wild 2, y recogió partículas de polvo del cuerpo celeste. A través de esas experiencias se obtuvo información, pero que, indudablemente, no tiene la calidad que nos entregará el “Deep Impact” este año, para así poder descubrir más secretos sobre nuestro origen.


¿PERO QUÉ ES UN COMETA?

Del latín “cometa” y del griego kometes, -cabellera- junto con los asteroides, planetas y sus satélites, forman parte de nuestro sistema solar. A diferencia de los asteroides, los cometas son cuerpos sólidos compuestos de materiales que se subliman (pasan del estado sólido al gaseoso simultáneamente) a la temperatura del sistema solar interior. Los astrónomos han encontrado que en su mayoría provienen del cinturón de Kuiper, localizado más allá de la órbita del planeta Plutón.
El proceso de formación del sistema solar no fue eficiente en un cien por ciento, parte del material que sirvió para la creación del Sol y los planetas, algunos restos o “escombros”, escaparon al poder gravitatorio de los cuerpos mayores y quedaron circulando en orbitas propias hasta hoy. Estos cuerpos menores son los llamados cometas.

La estructura de un cometa es núcleo, coma y cola. El núcleo está compuesto de hielo y se compara con un iceberg; además de agua contienen dióxido de carbono (hielo seco), amoníaco, metano (gas natural), hierro, magnesio y silicatos. Por eso se opto por fabricar el “Impactor” de cobre, para diferenciarlo claramente los elementos propios del cometa. Los diámetros de estos cuerpos pueden alcanzar variados tamaños. El Tempel 1 tiene 15 kilómetros de diámetro. A modo de comparación: El monte Everest, alcanza aproximadamente los 9 Kilómetros de altura.

Cada vez que un cometa pasa cerca del Sol su núcleo se desgasta, y el material que va perdiendo da origen a la coma y cola, que son gaseosas y pueden extenderse por más de cien millones desde kilómetros. En promedio, un cometa pasa frente al Sol unas dos mil veces antes de evaporarse completamente. A lo largo de su trayectoria deja grandes cantidades de fragmentos de diversos tamaños y elementos que lo componen.

La Tierra, al atravesar la órbita de un cometa, es impactada por estos trozos que reciben el nombre de meteoros, estrellas fugaces, o “lluvia de estrellas”, cuando ingresan a la atmósfera. Además, todas tienen nombres diferentes según el lugar del firmamento en el que se localizan. Así las Perseidas ó "lágrimas de San Lorenzo", se producen en agosto, y toman este nombre porque nacen en la constelación de Perseo. Las Leónidas son comunes en noviembre y surgen de la constelación de Leo.

La importancia del estudio de los cometas para el mundo científico, radica en que estos cuerpos contienen la composición de la nebulosa primitiva con que se formó el sistema solar, y de la cual también se condensaron luego los planetas y sus lunas, por lo que se piensa que en sus núcleos de hielo se conserva intacto el material original de la creación.

Este material no se encuentra en la superficie del cometa, porque al orbitar el Sol se calienta y sufre modificaciones. Por eso la necesidad de provocar un impacto, y de esta forma obtener los elementos más cercanos al núcleo liberando los secretos más profundos de cómo se creó nuestro sistema solar, hace 4.500 millones de años.

Sabemos aunque no con seguridad, que hubo cuatro extinciones masivas en los últimos 3.500 millones de años de la Tierra. La última es la más conocida, porque eliminó a los dinosaurios, y permitió el surgimiento de los mamíferos, incluido el hombre. El motivo principal de esos cambios fueron las colisiones con cometas y/o asteroides; de esos eventos heredamos el agua y la atmósfera elementos sin los cuales hoy no existiríamos. Karen Meech coordinadora e investigadora de las observaciones terrestres así lo piensa.

La misión del “Deep Impact” quedará como uno de los hitos más importantes en la conquista del espacio junto al Cometa Tempel 1. “Esta misión nos abrirá un enorme campo de información sobre la creación de nuestro sistema solar” sentencio Charles Balacci, parte del equipo de directores científicos de la misión. El tempel 1 entre los más de mil cometas conocidos era el único que gracias a su orbita estaba al alcance de la nave espacial terrícola para recibir el golpe y además ser visto desde la Tierra. “Tempel 1 estaba en el lugar correcto en el momento preciso” acotó la coinvestigadora Lucy McFaden. Mucha información será recabada; las observaciones se realizarán por años, ayudando al planeamiento de próximos viajes, tales como la misión Roseta, que partió en febrero de 2004 y que llegará a su destino, el cometa 67P- Churymov- Gerasimenko, en 2014.

Aunque este cometa jamás estuvo (o estará) en trayectoria de colisión con nuestro planeta, el peligro es latente y más de una huella, a través de los milenios lo recuerda. El golpe final del “impactor” nos entregará información referente a la creación del Universo, la Tierra y de nosotros mismos y, de pasada, sobre cómo actuar en caso de que en el futuro alguno de estos titanes se cruce en el camino de nuestro, aún hermoso planeta azul.

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